¿Fue Benigno Varillas el único en entender del revés el mensaje de Félix Rodríguez de la Fuente? ¿No te habrá pasado lo mismo?

Que un servidor, entendiera del revés el mensaje de Félix Rodríguez de la Fuente es preocupante, no solo por lo limitado que uno pueda ser, si no porque le pueda haber pasado lo mismo a muchos más….

¿Quiere decir que no es fácil captar el matiz de la forma de entender la vida sobre la Tierra del malogrado naturalista?.

La respuesta la intento formular en la nueva obra «La estirpe de los libres». ¡Voy a necesitar ayuda para lograrlo!

Faltan 12 días para que se desvele el misterio de por qué B. Varillas entendió del revés el mensaje de Félix R. de la Fuente

Hoy, primer día de marzo de 2018, quedan  12 días para que se presente en público el motivo por el que el biógrafo de Félix Rodríguez de la Fuente pudo confundirse al interpretar su pensamiento. Que un veterano conservacionista sacara conclusiones contrarias a las que ahora anuncia va a desvelar indican que el matiz no es fácil de captar.

El misterio lo desvelará Benigno Varillas el 13 de marzo en el Museo de la Evolución Humana de Burgos, un día antes del 90 aniversario del nacimiento del añorado naturalista y divulgador de la naturaleza, fallecido en 1980.

¿Puede ser que un autor escriba un libro y no se entere de lo que dice en él? ¡Sí se puede! El 13 de marzo de 2018 se dirá el por qué y el cómo.

Después de haber seguido los pasos de Félix Rodríguez de la Fuente desde 1968, y de haber sintetizado correctamente su pensamiento entre 2005 y 2010 para escribir su biografía, Benigno Varillas no captó el mensaje de Félix.

Sacó unas conclusiones no solo equivocadas sino contrarias a las que defiende Félix, una vez se llega a entender su mensaje. La nueva obra “La estirpe de Los libres”, corrige ese grave error de interpretación, cometido en la anterior Biografía publicada en 2010 bajo el título de “Félix Rodríguez de la Fuente, su vida, mensaje de futuro”. El día 13 de marzo el autor dará a conocer en el salón de actos del Museo de la Evolucion Humana de Burgos, y posteriormente en esta WEB, un gran fallo de interpretación, que trastoca el futuro tanto de la especie humana como de la vida salvaje.

El 13 de marzo se presenta en Burgos la Biografía de Félix Rodríguez de la Fuente que corrige un error fatal de la anterior

Obra de 2010 que contenía un fallo de interpretación vital, que ahora corrije la nueva edición.

A las 20,00 horas, en el Salón de Actos del Museo de la Evolución Humana de Burgos, el martes, 13 de marzo de 2018, se presenta la nueva biografía de Félix Rodríguez de la Fuente de Benigno Varillas, titulada «La estirpe de Los Libres», que sustituye y amplía la anterior, publicada por el mismo autor en 2010.

Esta obra corrije un fallo garrafal que el autor introdujo en la obra anterior y da un giro de 180ª a la interpretación del pensamiento de Félix Rodríguez de la Fuente, tema que el autor dará a conocer en esa presentación y, posteriormente, se irá reflejando en esta WEB, habilitada para ese fin.

Benigno Varillas entona un mea culpa por interpretar del revés el mensaje de Félix R. de la Fuente en su biografía publicada en 2010

Mea culpa de un confiado es el título de la primera página del libro “La estirpe de Los libres” que amplia la biografía de Félix Rodríguez de la Fuente. Parafrasea el Mea culpa de un escéptico con el que la máxima autoridad francesa en Prehistoria pidió en 1902 perdón al descubridor de Altamira. Durante 24 años le negó, hasta descubrirse en Francia pinturas similares datadas en más de 14.000 años. Tuvo que disculparse ante su tumba, ya que Sánz de Sautuola había fallecido 12 años antes, apesadumbrado. Nadie creyó que las pinturas de Altamira eran paleolíticas. Benigno Varillas entona su mea culpa no por escéptico, sino por lo contrario, por confiado. ¿A quién daba su confianza en 2010 este autor, que ahora se la retira? El día 13 de marzo lo dará a conocer.

Abajo colocamos un enlace a la película Altamira, que narra la historia del descubridor de Altamira, Ignacio Sánz de Sautuola y su hija Maria, y el Mea culpa que le tuvo que entonar el mundo científico en 1902 por no creer en su palabra.

Persecución a muerte de lo nómada

La concepción de la vida de los reyes franceses Borbones que arribaron a España en 1700, su aversión a lo zahareño, les llevó a una decisión más reprobable aún que acabar con el antiguo Cuerpo de Halconeros, que los Austrias habían heredado de los reyes castellanos. Quisieron acabar también con los hombres nómadas.

A los cortesanos de Fernando VI, tanto en los Carabancheles como en el resto de España, les molestaba la existencia de andariegos libres, que para más irritación capturaban conejos y liebres con podencos y galgos, cuando no caballos de monte y encebros salvajes. Eran rebeldes, vagabundos y diferentes.

Ya su padre, Felipe V –que cazó en el Lomo del Grullo en 1729, visita regia que no se repetiría hasta 153 años después, con una cacería de Alfonso XII– había dictado un “decreto de pena de muerte contra cualquier gitano sorprendido fuera del término que tuviera asignado”. La norma incluía todo nómada andariego, en la idea de hacerlos sedentarios. Pero la represión alcanzó su cenit con la orden de ‘Recolección General de Gitanos’, aprobada por Fernando VI, a los dos años de subir al trono.

El 30 de julio de 1749, el Ejército hizo una redada nocturna, ordenada por el marqués de la Ensenada. El objetivo era capturar por sorpresa a “los gitanos”. Unas 9.000 personas fueron apresadas. A los adultos y a los adolescentes se les condenó a trabajos forzados en los astilleros de la Marina y en las minas de mercurio. La mayoría murieron enfermos y por el trauma del cautiverio. A las mujeres y a los menores de 12 años se les confinó en guetos. La Iglesia apoyó la redada, negando el derecho de asilo en las iglesias a los que huían. Algún clérigo, a título personal, clamó contra el desmán, como el Vicario de Sevilla, pero su protesta no surtió efecto alguno.

Lógicamente, no los detuvieron a todos, ni mucho menos, que para eso eran nómadas. Comenta Ildefonso Falcones, autor de la novela histórica “La reina descalza” basada en este criminal episodio, que “el marqués de la Ensenada cometió un error. Detuvo a los gitanos que estaban censados y trabajaban, pero no a los trashumantes».

La vida infrahumana hizo que los hombres apresados fueran aniquilados. Tras morir Fernando VI, el nuevo rey, Carlos III, abolió en 1783 el decreto de aniquilación de los nómadas. Pero para entonces, de los miles que fueron hechos cautivos en la redada ya sólo quedaban vivos unos 150.
La primera referencia a los gitanos en España es un texto que les cita en el año 1425, atravesando el Pirineo aragonés. Según fuentes no verificadas, venían expulsados por los turcos de una zona de los Balcanes, o de Grecia, llamada “Pequeño Egipto”, de ahí el nombre de egiptanos. Eran los de esta primera cita histórica un grupo de unas cien personas, con un “conde” o “duque” al frente, que algún historiador cree que, en efecto, lo había sido en su tierra. Morenos, de barba y melena negra los hombres, y con turbante y adornos las mujeres. Un salvoconducto del rey Alfonso V de Aragón, autorizó al “Duque Juan de Egipto Menor” a viajar por su reino. El texto muestra la hospitalidad con la que les acogieron a su llegada:

«El Rey Alfonso, (…) a todos y cada uno de sus nobles, amados y fieles nuestros y sendos gobernadores, justicias, subvengueros, alcaldes, tenientes de alcalde y otros cualesquiera oficiales y súbditos nuestros, e incluso a cualquier guarda de puertos y cosas vedadas en cualquier parte de nuestros reinos y tierras, al cual o a los cuales la presente ser presentada, o a los lugartenientes de aquellos, salud y dilección. Como nuestro amado y devoto don Juan de Egipto Menor, que con nuestro permiso ir a diversas partes, entiende que debe pasar por algunas partes de nuestros reinos y tierras, y queremos que sea bien tratado y acogido, a vosotros y cada uno de vosotros os decimos y mandamos expresamente y desde cierto conocimiento, bajo pena de nuestra ira e indignación, que el mencionado don Juan de Egipto y los que con él irán y lo acompañarán, con todas sus cabalgaduras, ropas, bienes, oro, plata, alforjas y cualesquiera otras cosas que lleven consigo, sean dejado ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío a salvo y con seguridad, siendo apartadas toda contradicción, impedimento o contraste. Proveyendo y dando a aquellos pasaje seguro y siendo  conducidos cuando el mencionado don Juan lo requiera a través del presente salvoconducto nuestro, el cual queremos que lleve durante tres meses del día de la presente contando hacia adelante. Entregada en Zaragoza con nuestro sello el día doce de enero del año del nacimiento de nuestro Señor 1425.

Nadie ha podido averiguar de donde salen los gitanos. Egipto, la India, los Balcanes. Pero antes de la fecha que se dice llegaron, Iberia tenía sus propios “homes andariegos” nómadas, que se movían con libertad por todas partes. Una Ordenanza de Hermandad de Vizcaya del año 1394 habla de ellos:

“Hay muchos andariegos e non auen señores propiamente con quien sirvan (…) andan pidiendo por la tierra e faciendo otros muchos males e daños e desaguisados de lo qual se siguen gran daño e destruimiento de la tierra, por ende si el andariego fuere tomado que por la primera vez que yazga en el cepo seis meses e que por la segunda vez que mura por ello”

En el lote irían vagabundos, pobres arruinados por las desgracias y las calamidades, que habían dejado sus pueblos y vivían en las cunetas y los arrabales, pero también orgullosas tribus nómadas, que circulaban por España desde siempre. Colectivos de españoles que han llevado ese tipo de vida hasta fechas recientes. ¿Eran lo que quedaba del hombre Paleolítico? Ciertos aspectos apuntan a ello. (Continuará) Apúntate a esta WEB para recibir próximos capítulos.

¡NOVEDAD!: El tomo 2 de la obra ‘Genesis’ de Benigno Varillas ¡TAMBIÉN GRATIS!

Genesis2

Búsqueda y hallazgos de la “estirpe de los libres”

“Un fantástico rastreo desde los indicios dejados por el hombre cazador–recolector del Paleolítico, antepasado nuestro, depredador y respetuoso con la vida que fue, hasta el cazador–recolector incruento de hoy, que captura armonía, sensaciones y conocimiento para amar la vida salvaje.”

Obra en 8 tomos de los que el 1º y el 2º ya están disponibles, el 3º en correcciones y los siguientes en fase de redacción. Si los quieres leer ayúdame para poder dedicar tiempo a escribirlos. Haz un donativo (ver vía PayPal en el botón correspondiente, o cualquier otra forma) o invierte en Crowdfunding Rewilding Spain.

¡NOVEDAD!: EL TOMO 2, TAMBIÉN GRATIS!

YA ESTÁ DISPONIBLE EN: http://www.wildspain.org/producto/cazadores-guerreros-tomo-2-de-la-obra-genesis/

 

La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

‘Genesis’

Tomo I: Cazadores–Recolectores

Capítulo 18

La posibilidad de una alianza con las rapaces en la noche de los tiempos, cautivaba a Félix Rodríguez de la Fuente, pero la idea de un pacto prehistórico entre el hombre y el lobo, de una convivencia en armonía entre los dos grandes cazadores sociales, de una larga etapa de amistad feliz con el ahora gran enemigo de los neolíticos que se apropiaron de la carne, desbordaba su imaginación.

Quería estudiar si en la jerarquía del lobo el jefe, el alfa, es verdaderamente “el mejor”, mental y físicamente. Pensaba que el modelo de organización social de los cánidos salvajes había influenciado hace cientos de miles de años en la organización social de los homínidos. Le interesaba analizar la jerarquía y las pautas para relevar de la cúpula al líder cuando dejaba de ser el más apto para dirigir al grupo. Una idea que le inspiraba la lectura de las obras de Ortega y Gasset ‘España Invertebrada’ y ‘La rebelión de las masas’ donde se aborda la importancia del reconocimiento por la sociedad de sus miembros más capaces y valiosos para que asuman el liderazgo.

Intentó averiguar cómo el hombre y el lobo se aliaron, de tal manera que de esa relación pudiera haber surgido el perro. ¿Cuándo se rompió el pacto, y con qué violencia, para que el mejor amigo del hombre se transformara en odiadaalimaña?

En recuperar esa relación simbiótica veía la esperanza de la supervivencia. Interrogaba a los lobos en la profundidad de su mirada. Buscaba en ellos claves ocultas a los ojos del hombre moderno.

Su interés por los cánidos salvajes iba, pues, más allá de la mera admiración hacia una especie emblemática, bella, llena de atracción para un naturalista. Tanto el lobo, como las águilas y los halcones fueron el apoyo del hombre paleolítico para salir adelante como especie. Elegida por la evolución de la vida, no para desarrollar el olfato o aumentar la velocidad, disponer de poderosas garras, fuertes músculos o colmillos superlativos, sino para aumentar la masa craneal. A la especie humana le tocó desarrollar más que ninguna otra el delicado órgano con el que supo tomar prestadas “las garras” al león, en forma de lanzas y piedras; el olfato al lobo, aliándose con él, y la velocidad a las aves de presa, adiestrándolas para la caza de alto y bajo vuelo.

José María Moreno, sostiene que “Canis lupus y hombre paleolítico muestran un conjunto de aspectos esenciales paralelos: se muestran capaces de abatir animales grandes y pequeños (desde el toro al conejo) gracias a la cooperación de grupos. Ambos viven y conviven de y en un mismo espacio, y todo apunta a que el hombre siente por el cánido una casi veneración y ve en él la síntesis de todas las virtudes del cazador perfecto. Tal aseveración nos es permitido hacerla mediante el apoyo tanto de los datos que nos proporciona la arqueología y la historia como de los estudios sobre el comportamiento de los llamados cazadores paleolíticos históricos. El arte rupestre en la Península es parco a la hora de representar figuras de lobos y ello va a dificultar enormemente el conocimiento de la ya indicada relación del hombre con el animal. En el Tajo de las Figuras (Cádiz) y el abrigo de Los Arcos (Jaén) se observaban siluetas de cuadrúpedos que, al decir del investigador francés H. Breuil, representan lobos. Estos mismos animales figuran en pinturas esquemáticas del valle de Las Batuecas (Salamanca), concretamente en los abrigos conocidos como El Canchal de la Pizarra y El Risco de las Torres (…) Los heraldos hispanos se cubrían con una piel de lobo en señal de paz. Según Apiano, los nertobrigenses, sitiados por Marcelo en el año 152 antes de Cristo, enviaron a éste un emisario cubierto con una piel de lobo, sin duda alguna para testimoniar que la promesa de su pueblo quedaba tutelada por el mismo dios.”

Se han encontrado huesos de lobo en campamentos de homínidos del Pleistoceno medio en Boxgrove, cerca de la localidad británica de Kent, a los que se les calcularon 400.000 años de antigüedad y en la cueva de Lazaret, cerca de Niza, en Francia, estimados en 150.000 años de antigüedad. En Lazaret, cada refugio tenía un cráneo de lobo colocado intencionadamente en su entrada. Esta costumbre de colocar una cabeza de lobo en la boca de las cuevas habitadas por los homínidos hace cientos de miles de años, sigue viva en las tallas que presiden muchos pórticos románicos, como el de la catedral de St. Marie de Oloron, cerca de Pau, Francia, última parada antes de que los peregrinos centroeuropeos siguieran ruta para cruzar andando los temidos puertos pirenaicos del Camino de Santiago. 

Mietje Germonpré y otros paleontólogos, publicaron en octubre de 2008 un trabajo en el ‘Jounal of Archaelogical Science’ por el que remontan la domesticación del perro a hace 31.700 años. El descubrimiento se produjo en la cueva Goyet, en Bélgica, y los restos están asociados a la cultura Auriñaciense. Los fósiles más antiguos de otros animales domésticos son de ovejas domesticadas hace 10.000 años; el cerdo o jabalí, 9.000 años y los bovinos, 7.500 años. El lobo fue, pues, el primer animal salvaje que domesticó el hombre.

A pesar de que, según algunos investigadores, la convivencia entre humanos y lobos domesticados se remonta a unos 100.000 años, todavía el sitio, los tiempos y la forma en que ocurrió la domesticación siguen siendo un misterio que, poco a poco, ha ido aclarándose con los avances en la investigación genética.

Un equipo investigador que incluye a Belén Lorente, Óscar Ramírez y Tomás Marqués del Instituto de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Carles Vila de la Estación de Biología de Doñana, España, y científicos de EE.UU, Portugal, Italia, China, Hungría, Turquía, Israel y Croacia, ha establecido tras un estudio genético que el lobo y el perro evolucionó de un linaje lobuno común desaparecido hace aproximadamente 15.000 años, antes de que los humanos iniciaran sus sociedades agropecuarias. El estudio publicado en 2014 en Public Library of Science Genetics indaga en el proceso de domesticación que llevó al perro analizando el genoma de animales de Europa y de China, regiones que se han señalado como centros de la domesticación de los canes domésticos.

Son varias las teorías de cómo se produciría ese proceso. Lobos merodeando por los campamentos de los nómadas para comer restos. Así se fueron amansando. Encuentros fortuitos de cachorros, criados luego por los hombres y su papel como compañero cooperativo en la caza. O un proceso similar al del halconero y el halcón, que tras interceptar la pieza que cazan saben repartir la pitanza, en un proceso de simbiosis, buen trato y fidelidad del que ambos se benefician.

En una salida al campo que hicieron en 1964 a los cortados del río Manzanares para ver nidos de halcones que Félix Rodriguez de la Fuente controlaba en esa zona, Valverde afirma en sus memorias que animó a “Felisón” a que, con la buena mano que tenía para los animales, se pusiera a criar una manada de lobos para estudiar su comportamiento desde cachorros. “Déjate de halcones y dedícate a los lobos, que ahí están las claves”, le dijo.

Al cabo de los años Félix comentaba en la radio: “Efectivamente, antes de que el hombre se hiciera matador, antes de hacerse dueño de la Tierra, antes de que se hiciera dueño de la carne, antes de que el hombre se creyera el rey de la Creación –cosa que hoy sabe muy bien que no es– antes de eso, hasta los lobos pudieron ser sus amigos”.

FIN
(del primer tomo)

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Los cetreros Qwassen marroquíes en línea recta con los neblíes de Niebla

 ‘Genesis’
Tomo 1: Cazadores–Recolectores

Capítulo 17

Por Benigno Varillas

El Calendario de Córdoba es una obra hispano–musulmana que da numerosos detalles acerca de la práctica de la cetrería en Al–Ándalus. Incluye notas ornitológicas de la época de migración del halcón neblí –nombre de los halcones peregrinos que se capturaban en el reino de Niebla, actual Huelva, o, viceversa, nombre del lugar donde se capturaban los neblís o halcones grisáceos– así como de la época de cría del halcón baharí (Falco peregrinus brookei), del tiempo necesario para incubar los huevos, de cuándo eclosionan, incluidos los del gavilán, o cuánto tiempo transcurre hasta que los pollos están totalmente emplumados.

Aunque los jeques de Arabia Saudí, ni muchos otros, ya no lo respeten, matar o cazar por diversión está prohibido en el Islam.  El Profeta Muhammad asegura que: “Aquel que mata a un pájaro por diversión lo verá dirigirse a Allah en el día de la Resurrección”.

Todo apunta a que la zona sur del imperio romano –reorganizada musulmana con la lengua que hacía y traducía Ciencia en la época, y la religión que infundía valor guerrero a pastores y labradores para librarse de los infieles bárbaros del norte– mantuvo la práctica ancestral de la cetrería como forma de aprovisionamiento de proteína.

En Marruecos, entre Al Jadida y Marrakech, el grupo tribal de los «Qwassen» o Kuasen, sigue practicando la cetrería pobre, nada que ver con la de la nobleza medieval, la renacentista, o la de los actuales jeques árabes del petróleo, aunque hace cuatro días aún eran beduinos del desierto y tendrían prácticas similares a las de estos halconeros de la costa Atlántica africana. Una dispensa del Rey Alauita, da a los Qwassem permiso para cazar alcaravanes con halcones, y liebres y conejos con lebreles. Su vida humilde, sin electricidad ni agua corriente, gira alrededor de sus tradiciones milenarias. El halcón es un miembro destacado de la familia, cuidado con mimo por hombres, niños y mujeres.

A la localidad de los Qwassem llegó un joven español en los años cincuenta del siglo XX, que quería resucitar la cetrería en España. Fue allí con objeto de aprender las prácticas cetreras de ese pueblo ancestral. Tradiciones del país de Doukkala que remontan a la noche de los tiempos. Parece ser que los cetreros más famosos procedían de la región de Lakouassem y del pueblo de Ouled Frej, donde el impetuoso español  pernoctó en casa de Mohamed Qasmi. Rápido se hizo amigo del mejor cetrero Qwassem, heredero de una orgullosa casta de halconeros que le mostró los más preciados secretos de su legendaria tribu. De él recibió las lecciones prácticas que ansiaba y necesitaba para aplicar correctamente las copiosas lecturas de textos medievales sobre cetrería que había hecho.

Un segundo cetrero español, Rafael Hernández Mancha, se presentó 35 años más tarde, en 1991, en el pueblo de Had Uled Frej y fue también a casa de Qasmi, que es a donde mandan los locales a todo forastero que arriba preguntando por los halconeros. Hernández Mancha había leído un reportaje en una revista francesa sobre los cetreros Qwassem y decidió ir a conocerlos y aprender de ellos. Al entrar por la puerta el viejo Mohamed le recibió como si le hubiera estado esperando años, rebuscó en un baúl y le mostró una foto donde salía al lado del “otro español que había estado allí en los años cincuenta”. Le preguntó si le conocía. Y tanto que le conozco, dijo atónito Rafael. En la vieja foto en blanco y negro que ya amarilleaba se veía a Qasmi portando orgulloso su halcón al lado de un joven Félix Rodríguez de la Fuente. El misterioso primer español, que recaló por Ouled hace ahora sesenta años, era Félix, que había viajado a Marruecos recién terminada su carrera de médico para beber de las fuentes y aprender el arte de la cetrería, mucho antes de hacerse famoso como divulgador de la naturaleza en Televisión Española.

Su recuerdo seguía indeleble en la memoria de Mohamed Qasmi, tras haberle acogido y enseñarle lo que sabía de la caza con halcones y del uso de la caperuzas. Con él aprendió Félix a mantener un halcón sereno y en condiciones psíquicas y físicas, con el plumaje perfecto para cazar. Qasmi le llevó a Marrakech a comprar pieles para hacer caperuzas, de modo que Félix volvió a España con varias de las hechas por el maestro, y los patrones dibujados en papel de seda para encargar su manufactura a guarnicioneros de Burgos que habían olvidado la habilidad de confeccionar las caperuzas de cuero que en su día fueron seña de identidad de los caballeros castellanos.

Según contó Mohamed Qasmi, Félix aprendió allí la técnica para conseguir el picado del peregrino desde gran altura y cazar por altanería colocando el halcón alto y después sacarle la perdiz por debajo para que la acuchillara a 350 kilómetros por hora. También aprendió de los Qwassem a capturar aves rapaces en paso. Pero la mayor enseñanza que le transmitieron los humildes cetreros primitivos que sobreviven al otro lado del Estrecho fue la de ver cómo se puede ser feliz con poco; cómo valorar la libertad por encima de los bienes materiales y cómo llevar una vida plena, simplemente practicando una cetrería primitiva, sencilla, elemental, pero llena de sabiduría y tradición, transmitida de generación en generación.

Cuando Félix puso en práctica en España con sus halcones las enseñanzas de los Qwassem, alrededor de 1960, la península Ibérica era parecida al Marruecos de hoy. Un país agrario, con treinta millones de habitantes de los que la mitad vivían del secano y del pastoreo. El 42% de la población activa, cinco millones de personas, trabajaban en el campo. Una situación intermedia entre la España de 1900, cuando el 70% de los españoles aún vivían en el medio rural y la actual, netamente urbana, en la que sólo un 7% (con una media de edad rayana los sesenta años) habitan los pueblos, cifra a la que se llegó tras el abandono masivo del mundo agropecuario operado en el último medio siglo.

La alianza del hombre con el halcón dio a Félix Rodríguez de la Fuente un conocimiento profundo de las aves de presa. Y lo que fue más importante, le hizo descubrir otras dimensiones de sí mismo, del ser humano. Comprobó que no siempre debimos de ser como somos, competitivos y posesivos. Que entre nosotros y con otras especies, en la mayor parte de nuestra existencia, en más del 90% del tiempo que llevamos como sapiens sobre la faz de la Tierra, fuimos una especie más cooperativa de lo que lo somos ahora. Antes de las armas de fuego esa posición era no solo la más inteligente, sino la única posible. Donde no llegaba una flecha podía llegar un halcón.

La facultad reflexiva, el poder pensar, la inteligencia, tenía que servir para capacidades mucho más sofisticadas que la simplona de eliminar toda competencia que intente captar la energía que encierran las mismas presas o alimentos que uno mismo necesita apropiarse para nutrirse. Pensar que así queda todo para nosotros no nos hubiera llevado muy lejos. Si alguien hacía algo mejor que el hombre, si otras especies eran más veloces o más resistentes y gracias a esas facultades cazaban más y mejor las piezas que los hombres necesitan para comer, no se las eliminaba, como se hace ahora, y se hacía sobre todo en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX, por Decreto, en España. En el pasado lejano, aquellos antepasados nuestros de las cavernas, que algunos imaginan atrasados y embrutecidos, se aliaban con ellas.

(Continuará)

Último capítulo, por publicar, del primer tomo de Genesis:

  • 18. La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

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