Media España volverá a ser salvaje

De esta entrevista que me hizo Crisitina Yuste, de la agencia EFE, hay solo un punto que quedó confuso al tener que condensar una larga conversación, cosa que hizo, por cierto, de forma maestra, y aclaro:

No se trata de optar por la tecnología y la producción artificial de alimentos “en zonas ahora improductivas, y que equivalen a un 50 por ciento del territorio”, sino en las productivas o ya selladas y alteradas, y dejar el 50% del territorio español restante  (y del Planeta, dice E.O. Wilson ) para lo salvaje, cosa que no es que lo pida nadie, sino que es el proceso evolutivo actual de la humanidad. Querámoslo o no, ya se está produciendo, por voluntad de los humanos: la concentración de las 9.000 millones de personas que pronto seremos, en grandes megápolis, alimentados con biotecnología y solazándose con la realidad virtual…

Ese proceso está dejando grandes espacios abandonados –en el caso de España 25 millones de hectáreas– que son donde se está recuperando la vida salvaje y donde veo viviendo a esos 100.000 amantes de la vida libre que puedan recuperar Los Libres, los seres de la fauna no domada, entre ellos, la especie más interesante de todas en los ecosistemas, que es Homo sapiens sylvestris, en este caso ya no paleolítico, como hace más de 10.000 años, sino ciberlítico, como lo será dentro de una década, a más no tardar.

Esos diez millones de nuevos humanos “salvajes” a nivel mundial –100.000 a nivel ibérico, que son los que más o menos podrían caber, habra que calcular el factor de carga de cada territorio– serán los que conecten, a los 9.000 millones de humanos urbanitas que habiten  las megápolis en no muchos años, con lo libre, a través de la realidad virtual, basada en la “realidad real” que vivan los asilvestrados (naturalistas capaces de usar las nuevas tecnologías para retransmitir a los demás el pulso de la Tierra, minuto a minuto).

En lugar de la destrucción de la sociedad tecnoindustrial que predican algunos,  sugiero tomar las riendas de la misma con una vanguardia de la Sociedad de la Información. Unas “Brigadas Internacionales” que se instalen a vivir en los parajes naturales de España para combatir en una vida más emocionante implicada en recuperar la vida salvaje, libre, tanto de los animales como del propio hombre.

El resto de la humanidad participará en esa experiencia gracias a la realidad virtual, a través de la conexión mental con los que tengan la voluntad y la capacidad de vivir de nuevo integrados en la naturaleza, como hicimos en el Paleolítico durante 300.000 años, no en ciudades, como ahora mismo desea la mayoría.

El gran error del ecologismo, y de todos los redentores, ha sido querer “salvar el Mundo”. Ya sería una revolución que alguien se consiga salvar a sí mismo. Para ello no caben soluciones individuales.

Restaurar un tejido social rural de mujeres y hombres en contacto permanente con “lo libre”, conectado con la mayoría, recluida voluntariamente en lo artificial, es la  base de partida necesaria para poder intentar modificar el curso de la historia y recuperar ese “Homo sapiens sylvestris” que fuimos, tanto en arquitectura mental como en número. Insisto, aceptando que los que quieren producir transgénicos coman transgenicos y los que quieran criar bisontes, coman bisontes, sin necesidad de tener que hacer todos lo mismo.

Los nuevos paleolíticos serán avanzados teletrabajadores de lo que sepan hacer –comunicar, programar, diseñar, oradores, fotógrafos, pintores– que sumados a los actuales rastreadores de lo libre –guardas, funcionarios y técnicos de medio ambiente a reciclar, ecologistas y ganaderos, a reconvertir– encarnen ese nuevo recolector cazador paleolítico, como el de hace 10.000 años, solo que  avanzado tecnológicamente a nivel informático pero igual de integrado en la vida salvaje y en Lo Libre que los humanos primigenios.

Habrá que reinventar la caza, para que la ingesta de  vida salvaje sea  esa asimilación de energía que fue, consistente en la fusión o trasvase de energía de unos organismos en otros, recuperando el proceso de sacralización de la caza ritualizada del Paleolítico, para que la entiendan y acepten los veganos.

La captura de uros (los toros) y tarpanes (la saca de yeguas) reinventará actividades que ahora mismo los animalistas no aceptan, pero aceptarían formuladas de otra manera al venir de una sociedad humana salvaje integrada y respetuosa con la cadena trófica de la vida salvaje, en la que los depredadores son parte esencial de los ciclos de la energía.

En la entrevista digo que hay que “dejar de vivir de subvenciones y reorientar el mundo ganadero a los grandes herbívoros”, faltó poner la palabra “salvajes”, herbívoros salvajes. Hay que devolver la libertad a  vacas, caballos, asnos y bisontes para que la carne que alimente a los humanos asilvestrados, que vivan integrados en la naturaleza y quieran seguir la adaptación carnívora, no proceda de seres esclavos degradados.

Y, sobre todo,  hay que devolver la libertad a los niños pastores y a sus madres.

Que el medio natural –al menos la mitad de España– esté habitada por seres en conexión con lo libre. Solo así será posible que la otra mitad encuentre su camino y pueda vivir un mundo que será más metafísico, mental, que material.

Para que la realidad virtual surta el efecto benéfico que se espera, debe estar basada en lo  real, auténtico y constatable, sea en “kedadas”, en safaris o, el que pueda y quiera, en años sabáticos, en todo lo que permita conectar física- y no solo telematicamente.

La entrevista de EFE sigue:

“Para Varillas, los ecologistas, empeñados en “divinizar” el mundo rural y la agricultura ecológica, “están en la antítesis del pensamiento de Félix”.

“Según Benigno Varillas, “lo que el ecologismo lleva reclamando mucho tiempo nos lo dará la sociedad de la información, apostando por la biotecnología para conseguir que la humanidad se alimente sin necesidad de esquilmar la tierra”.

http://www.efeverde.com/noticias/felix-rodriguez-de-la-fuente-90-anos-visionario/

La obra ‘La estirpe de Los libres’ indaga en quiénes trataron de descubrir al hombre libre.

Desde Darwin, ingleses, franceses, españoles, alemanes y avanzados de algunos otros países, trataron de descubrir al hombre libre.

Rastreamos quiénes entraron en contacto, y conectaron, con los hombres paleolíticos a lo largo de la historia.

El resultado es sorprendente: Azara y Félix (España); Darwin y Bridges (UK); Wallace (Malasia); Morgan y Vermont (USA); Marx y Engels (Alemania); Rousseau y Reclus (Francia); Kropotkin y Arséniev (Rusia); Van Der Post y Marlowe (Africa), entre otros pocos, con experiencias en diferentes épocas, detectaron, sin conectarlo que sepamos, un mismo patrón en Homo sylvestris.

La nueva biografía de Félix y el personaje anarquista de Julio Verne

Se cree que el escritor francés Julio Verne (1828-1905) se inspiró para uno de sus protagonistas en el Príncipe ruso, e ideólogo anarquista, Piotr Kropotkin (1842–1921), amigo suyo, a quien ve exiliarse en la novela  en la isla de Navarino, en el canal de Beagle, Patagonia, donde Charles Darwin recaló en 1833 y entró en contacto con los hombres paleolíticos recolectores-cazadores puros del Cono ausral americano.

Los salvajes paleolíticos fueguinos le rebautizaron, en su increible lengua, con el nombre de Kaw–djer (El Bienhechor). Del enigma de la riqueza de vocabulario de los paleolíticos fueguinos (32.000 palabras manejaban entre los 300 “salvajes” que quedaban vivos en 1873) hablamos en la nueva biografía de Félix, ya que tiene que ver con el “secreto” de su éxito como comunicador.

Una cita, con las reflexiones de Kaw–djer / Kropotkin / Julio Verne sobre el hombre moderno, abre por ello la nueva biografía de Félix Rodríguez de la Fuente, “La estirpe de Los Libres”, (pulsa el enlace) que verá la luz el próximo día 14 de marzo de 2018.

Dice así el hombre que volvió con lo hombres paleolíticos de Tierra de Fuego, en el extremo austral de Argentina/Chile, al arribar a su Paraiso unos naufragos norteamericanos (neolíticos, claro) que le destruyen su plan de regresar al futuro, tras encontrarlo:

La experiencia mostró a Kaw–djer su error
probándole que los hombres [neolítizados] lejos de sentir
la insaciable sed de libertad que él suponía,
pueden por el contrario,
amar el yugo que les permita sobrevivir.

“En Magallanie”, Julio Verne, (1897)

Crowdfunding para analizar el ADN de los mercheros

Por Benigno Varillas

El pueblo de los mercheros es una etnia nómada española de la que no se sabe nada. Poca gente conoce su existencia. A los que “les suena”, en su ignorancia los asimilan a los gitanos.

Pero nada tienen que ver con el mundo caló, aunque fueran también nómadas y en su declive como etnias, habiten juntos en barrios marginales y se mezclen entre ellos, algo antaño impensable.
A este autor le puso tras su pista una frase de Chapman y Buck en su obra Wild Spain (1893), en la que hablan de un hombre salvaje en España y afirman rotundos: “Homo sylvestris, peculiar de las selvas extremeñas, aguarda la atención de los etnólogos”.
Tecleando en Internet “Homo sylvestris extremeño”, di con la pieza teatral: Las Batuecas del duque de Alba, del dramaturgo del Siglo de Oro de las letras españolas Lope de Vega, escrita hacia 1598, en la que entre muchas otras constantes del patrón universal del hombre paleolítico, pone en boca de sus Homo sylvestris, de las selvas extremeñas esta bella y profunda cita:

“Nosotros habitamos este valle
cerrado destos montes espesísimos,
cuyas sierras empinan sus cabezas
a topetar con las estrellas mismas,
sin que jamás ninguno haya sabido
quién fue el primero que nos dio principio.
En esta lengua habramos, estas chozas
nos cubren, estos árboles sustentan,
y la caza que matan nuestros arcos.
Si vivimos en paz sin ser regidos,
y nos habemos aumentado tanto,
¿por qué das ocasión que nos deshaga”

Dice también el autor anónimo de la pieza clásica británica Gawain y el caballero verde (hacia el año 1400):

“Señalan como espacio natural de Homo sylvestris los riscos de los solitarios bosques montañosos, rodeado de lobos, serpientes y toros silvestres”

refiriéndose evidentemente a los uros ya que habitaban entonces todo el continente junto a los bisontes europeos, los tarpanes y los encebros.
Nadie ha hecho aún un estudio del ADN de los mercheros. Viendo que los españoles tardaron 200 años en traducir su obra al castellano, Chapman y Buck no se extrañarían de que el Homo sylvestris aguarde aún, pasado todo ese tiempo desde su llamada de atención, “la atención de los etnólogos”.
Ese análisis aportaría luz sobre el origen de este misterioso pueblo nómada español y por ello, el autor de este libro ha iniciado un crowdfunding para colectar los fondos necesarios para ver si el ADN de los mercheros nos desvela al español paleolítico que aún habita entre nosotros y ha pasado desapercibido hasta la fecha.
Ellos dicen ser más de 100.000, pero nadie los ha censado. Se hicieron sedentarios a la fuerza, por la persecución a la que los sometió la Guardia Civil durante el franquismo y, sobre todo, por los cambios socioeconómicos de las últimas décadas, que acabó con sus medios de vida, que eran la reparación y fabricación de cacharrería y, antes de eso, la captura de equinos salvajes, sin amo, hasta que lo tuvieron. A partir de entonces los que se apropiaron de la carne les llamaron cuatreros.
Al no tener rasgos que les diferencie del resto de los españoles, y no identificarse nunca como mercheros, pasan desapercibidos. Sus mujeres son famosas por su belleza. A diferencia de los gitanos –nómadas que llegaron a España hace 700 años procedentes de los Balcanes– los mercheros no se diferencian por sus rasgos del resto de españoles y bien podrían ser, por sus pautas de comportamiento, lo que queda de los magdalenienses.
Habría que ver si entre los muchos gitanos que admiró y conoció el andariego inglés George Borrow cuando recorrió la Península Ibérica entre 1835 y 1840, se puede rastrear a los mercheros, nómadas que muchos confundían con los gitanos, al viajar y vivir en carretas y tener el mismo rechazo social de los neolíticos sedentarios.

Si estás interesado en apoyar esta investigación para hacer un primer análisis de ADN, en breve lanzaré un crowdfunding con ese objetivo, pero puedes escribirme ya a benigno.varillas@gmail.com para evaluar con cuántos apoyo cuento en esta iniciativa. Gracias.

¡NOVEDAD!: El tomo 2 de la obra ‘Genesis’ de Benigno Varillas ¡TAMBIÉN GRATIS!

Genesis2

Búsqueda y hallazgos de la “estirpe de los libres”

“Un fantástico rastreo desde los indicios dejados por el hombre cazador–recolector del Paleolítico, antepasado nuestro, depredador y respetuoso con la vida que fue, hasta el cazador–recolector incruento de hoy, que captura armonía, sensaciones y conocimiento para amar la vida salvaje.”

Obra en 8 tomos de los que el 1º y el 2º ya están disponibles, el 3º en correcciones y los siguientes en fase de redacción. Si los quieres leer ayúdame para poder dedicar tiempo a escribirlos. Haz un donativo (ver vía PayPal en el botón correspondiente, o cualquier otra forma) o invierte en Crowdfunding Rewilding Spain.

¡NOVEDAD!: EL TOMO 2, TAMBIÉN GRATIS!

YA ESTÁ DISPONIBLE EN: http://www.wildspain.org/producto/cazadores-guerreros-tomo-2-de-la-obra-genesis/

 

La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

‘Genesis’

Tomo I: Cazadores–Recolectores

Capítulo 18

La posibilidad de una alianza con las rapaces en la noche de los tiempos, cautivaba a Félix Rodríguez de la Fuente, pero la idea de un pacto prehistórico entre el hombre y el lobo, de una convivencia en armonía entre los dos grandes cazadores sociales, de una larga etapa de amistad feliz con el ahora gran enemigo de los neolíticos que se apropiaron de la carne, desbordaba su imaginación.

Quería estudiar si en la jerarquía del lobo el jefe, el alfa, es verdaderamente “el mejor”, mental y físicamente. Pensaba que el modelo de organización social de los cánidos salvajes había influenciado hace cientos de miles de años en la organización social de los homínidos. Le interesaba analizar la jerarquía y las pautas para relevar de la cúpula al líder cuando dejaba de ser el más apto para dirigir al grupo. Una idea que le inspiraba la lectura de las obras de Ortega y Gasset ‘España Invertebrada’ y ‘La rebelión de las masas’ donde se aborda la importancia del reconocimiento por la sociedad de sus miembros más capaces y valiosos para que asuman el liderazgo.

Intentó averiguar cómo el hombre y el lobo se aliaron, de tal manera que de esa relación pudiera haber surgido el perro. ¿Cuándo se rompió el pacto, y con qué violencia, para que el mejor amigo del hombre se transformara en odiadaalimaña?

En recuperar esa relación simbiótica veía la esperanza de la supervivencia. Interrogaba a los lobos en la profundidad de su mirada. Buscaba en ellos claves ocultas a los ojos del hombre moderno.

Su interés por los cánidos salvajes iba, pues, más allá de la mera admiración hacia una especie emblemática, bella, llena de atracción para un naturalista. Tanto el lobo, como las águilas y los halcones fueron el apoyo del hombre paleolítico para salir adelante como especie. Elegida por la evolución de la vida, no para desarrollar el olfato o aumentar la velocidad, disponer de poderosas garras, fuertes músculos o colmillos superlativos, sino para aumentar la masa craneal. A la especie humana le tocó desarrollar más que ninguna otra el delicado órgano con el que supo tomar prestadas “las garras” al león, en forma de lanzas y piedras; el olfato al lobo, aliándose con él, y la velocidad a las aves de presa, adiestrándolas para la caza de alto y bajo vuelo.

José María Moreno, sostiene que “Canis lupus y hombre paleolítico muestran un conjunto de aspectos esenciales paralelos: se muestran capaces de abatir animales grandes y pequeños (desde el toro al conejo) gracias a la cooperación de grupos. Ambos viven y conviven de y en un mismo espacio, y todo apunta a que el hombre siente por el cánido una casi veneración y ve en él la síntesis de todas las virtudes del cazador perfecto. Tal aseveración nos es permitido hacerla mediante el apoyo tanto de los datos que nos proporciona la arqueología y la historia como de los estudios sobre el comportamiento de los llamados cazadores paleolíticos históricos. El arte rupestre en la Península es parco a la hora de representar figuras de lobos y ello va a dificultar enormemente el conocimiento de la ya indicada relación del hombre con el animal. En el Tajo de las Figuras (Cádiz) y el abrigo de Los Arcos (Jaén) se observaban siluetas de cuadrúpedos que, al decir del investigador francés H. Breuil, representan lobos. Estos mismos animales figuran en pinturas esquemáticas del valle de Las Batuecas (Salamanca), concretamente en los abrigos conocidos como El Canchal de la Pizarra y El Risco de las Torres (…) Los heraldos hispanos se cubrían con una piel de lobo en señal de paz. Según Apiano, los nertobrigenses, sitiados por Marcelo en el año 152 antes de Cristo, enviaron a éste un emisario cubierto con una piel de lobo, sin duda alguna para testimoniar que la promesa de su pueblo quedaba tutelada por el mismo dios.”

Se han encontrado huesos de lobo en campamentos de homínidos del Pleistoceno medio en Boxgrove, cerca de la localidad británica de Kent, a los que se les calcularon 400.000 años de antigüedad y en la cueva de Lazaret, cerca de Niza, en Francia, estimados en 150.000 años de antigüedad. En Lazaret, cada refugio tenía un cráneo de lobo colocado intencionadamente en su entrada. Esta costumbre de colocar una cabeza de lobo en la boca de las cuevas habitadas por los homínidos hace cientos de miles de años, sigue viva en las tallas que presiden muchos pórticos románicos, como el de la catedral de St. Marie de Oloron, cerca de Pau, Francia, última parada antes de que los peregrinos centroeuropeos siguieran ruta para cruzar andando los temidos puertos pirenaicos del Camino de Santiago. 

Mietje Germonpré y otros paleontólogos, publicaron en octubre de 2008 un trabajo en el ‘Jounal of Archaelogical Science’ por el que remontan la domesticación del perro a hace 31.700 años. El descubrimiento se produjo en la cueva Goyet, en Bélgica, y los restos están asociados a la cultura Auriñaciense. Los fósiles más antiguos de otros animales domésticos son de ovejas domesticadas hace 10.000 años; el cerdo o jabalí, 9.000 años y los bovinos, 7.500 años. El lobo fue, pues, el primer animal salvaje que domesticó el hombre.

A pesar de que, según algunos investigadores, la convivencia entre humanos y lobos domesticados se remonta a unos 100.000 años, todavía el sitio, los tiempos y la forma en que ocurrió la domesticación siguen siendo un misterio que, poco a poco, ha ido aclarándose con los avances en la investigación genética.

Un equipo investigador que incluye a Belén Lorente, Óscar Ramírez y Tomás Marqués del Instituto de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Carles Vila de la Estación de Biología de Doñana, España, y científicos de EE.UU, Portugal, Italia, China, Hungría, Turquía, Israel y Croacia, ha establecido tras un estudio genético que el lobo y el perro evolucionó de un linaje lobuno común desaparecido hace aproximadamente 15.000 años, antes de que los humanos iniciaran sus sociedades agropecuarias. El estudio publicado en 2014 en Public Library of Science Genetics indaga en el proceso de domesticación que llevó al perro analizando el genoma de animales de Europa y de China, regiones que se han señalado como centros de la domesticación de los canes domésticos.

Son varias las teorías de cómo se produciría ese proceso. Lobos merodeando por los campamentos de los nómadas para comer restos. Así se fueron amansando. Encuentros fortuitos de cachorros, criados luego por los hombres y su papel como compañero cooperativo en la caza. O un proceso similar al del halconero y el halcón, que tras interceptar la pieza que cazan saben repartir la pitanza, en un proceso de simbiosis, buen trato y fidelidad del que ambos se benefician.

En una salida al campo que hicieron en 1964 a los cortados del río Manzanares para ver nidos de halcones que Félix Rodriguez de la Fuente controlaba en esa zona, Valverde afirma en sus memorias que animó a “Felisón” a que, con la buena mano que tenía para los animales, se pusiera a criar una manada de lobos para estudiar su comportamiento desde cachorros. “Déjate de halcones y dedícate a los lobos, que ahí están las claves”, le dijo.

Al cabo de los años Félix comentaba en la radio: “Efectivamente, antes de que el hombre se hiciera matador, antes de hacerse dueño de la Tierra, antes de que se hiciera dueño de la carne, antes de que el hombre se creyera el rey de la Creación –cosa que hoy sabe muy bien que no es– antes de eso, hasta los lobos pudieron ser sus amigos”.

FIN
(del primer tomo)

Pulsa en este enlace para ver todos los capítulos publicados:
http://www.paleovivo.org/libro/1-cazadores-recolectores/

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Los cetreros Qwassen marroquíes en línea recta con los neblíes de Niebla

 ‘Genesis’
Tomo 1: Cazadores–Recolectores

Capítulo 17

Por Benigno Varillas

El Calendario de Córdoba es una obra hispano–musulmana que da numerosos detalles acerca de la práctica de la cetrería en Al–Ándalus. Incluye notas ornitológicas de la época de migración del halcón neblí –nombre de los halcones peregrinos que se capturaban en el reino de Niebla, actual Huelva, o, viceversa, nombre del lugar donde se capturaban los neblís o halcones grisáceos– así como de la época de cría del halcón baharí (Falco peregrinus brookei), del tiempo necesario para incubar los huevos, de cuándo eclosionan, incluidos los del gavilán, o cuánto tiempo transcurre hasta que los pollos están totalmente emplumados.

Aunque los jeques de Arabia Saudí, ni muchos otros, ya no lo respeten, matar o cazar por diversión está prohibido en el Islam.  El Profeta Muhammad asegura que: “Aquel que mata a un pájaro por diversión lo verá dirigirse a Allah en el día de la Resurrección”.

Todo apunta a que la zona sur del imperio romano –reorganizada musulmana con la lengua que hacía y traducía Ciencia en la época, y la religión que infundía valor guerrero a pastores y labradores para librarse de los infieles bárbaros del norte– mantuvo la práctica ancestral de la cetrería como forma de aprovisionamiento de proteína.

En Marruecos, entre Al Jadida y Marrakech, el grupo tribal de los “Qwassen” o Kuasen, sigue practicando la cetrería pobre, nada que ver con la de la nobleza medieval, la renacentista, o la de los actuales jeques árabes del petróleo, aunque hace cuatro días aún eran beduinos del desierto y tendrían prácticas similares a las de estos halconeros de la costa Atlántica africana. Una dispensa del Rey Alauita, da a los Qwassem permiso para cazar alcaravanes con halcones, y liebres y conejos con lebreles. Su vida humilde, sin electricidad ni agua corriente, gira alrededor de sus tradiciones milenarias. El halcón es un miembro destacado de la familia, cuidado con mimo por hombres, niños y mujeres.

A la localidad de los Qwassem llegó un joven español en los años cincuenta del siglo XX, que quería resucitar la cetrería en España. Fue allí con objeto de aprender las prácticas cetreras de ese pueblo ancestral. Tradiciones del país de Doukkala que remontan a la noche de los tiempos. Parece ser que los cetreros más famosos procedían de la región de Lakouassem y del pueblo de Ouled Frej, donde el impetuoso español  pernoctó en casa de Mohamed Qasmi. Rápido se hizo amigo del mejor cetrero Qwassem, heredero de una orgullosa casta de halconeros que le mostró los más preciados secretos de su legendaria tribu. De él recibió las lecciones prácticas que ansiaba y necesitaba para aplicar correctamente las copiosas lecturas de textos medievales sobre cetrería que había hecho.

Un segundo cetrero español, Rafael Hernández Mancha, se presentó 35 años más tarde, en 1991, en el pueblo de Had Uled Frej y fue también a casa de Qasmi, que es a donde mandan los locales a todo forastero que arriba preguntando por los halconeros. Hernández Mancha había leído un reportaje en una revista francesa sobre los cetreros Qwassem y decidió ir a conocerlos y aprender de ellos. Al entrar por la puerta el viejo Mohamed le recibió como si le hubiera estado esperando años, rebuscó en un baúl y le mostró una foto donde salía al lado del “otro español que había estado allí en los años cincuenta”. Le preguntó si le conocía. Y tanto que le conozco, dijo atónito Rafael. En la vieja foto en blanco y negro que ya amarilleaba se veía a Qasmi portando orgulloso su halcón al lado de un joven Félix Rodríguez de la Fuente. El misterioso primer español, que recaló por Ouled hace ahora sesenta años, era Félix, que había viajado a Marruecos recién terminada su carrera de médico para beber de las fuentes y aprender el arte de la cetrería, mucho antes de hacerse famoso como divulgador de la naturaleza en Televisión Española.

Su recuerdo seguía indeleble en la memoria de Mohamed Qasmi, tras haberle acogido y enseñarle lo que sabía de la caza con halcones y del uso de la caperuzas. Con él aprendió Félix a mantener un halcón sereno y en condiciones psíquicas y físicas, con el plumaje perfecto para cazar. Qasmi le llevó a Marrakech a comprar pieles para hacer caperuzas, de modo que Félix volvió a España con varias de las hechas por el maestro, y los patrones dibujados en papel de seda para encargar su manufactura a guarnicioneros de Burgos que habían olvidado la habilidad de confeccionar las caperuzas de cuero que en su día fueron seña de identidad de los caballeros castellanos.

Según contó Mohamed Qasmi, Félix aprendió allí la técnica para conseguir el picado del peregrino desde gran altura y cazar por altanería colocando el halcón alto y después sacarle la perdiz por debajo para que la acuchillara a 350 kilómetros por hora. También aprendió de los Qwassem a capturar aves rapaces en paso. Pero la mayor enseñanza que le transmitieron los humildes cetreros primitivos que sobreviven al otro lado del Estrecho fue la de ver cómo se puede ser feliz con poco; cómo valorar la libertad por encima de los bienes materiales y cómo llevar una vida plena, simplemente practicando una cetrería primitiva, sencilla, elemental, pero llena de sabiduría y tradición, transmitida de generación en generación.

Cuando Félix puso en práctica en España con sus halcones las enseñanzas de los Qwassem, alrededor de 1960, la península Ibérica era parecida al Marruecos de hoy. Un país agrario, con treinta millones de habitantes de los que la mitad vivían del secano y del pastoreo. El 42% de la población activa, cinco millones de personas, trabajaban en el campo. Una situación intermedia entre la España de 1900, cuando el 70% de los españoles aún vivían en el medio rural y la actual, netamente urbana, en la que sólo un 7% (con una media de edad rayana los sesenta años) habitan los pueblos, cifra a la que se llegó tras el abandono masivo del mundo agropecuario operado en el último medio siglo.

La alianza del hombre con el halcón dio a Félix Rodríguez de la Fuente un conocimiento profundo de las aves de presa. Y lo que fue más importante, le hizo descubrir otras dimensiones de sí mismo, del ser humano. Comprobó que no siempre debimos de ser como somos, competitivos y posesivos. Que entre nosotros y con otras especies, en la mayor parte de nuestra existencia, en más del 90% del tiempo que llevamos como sapiens sobre la faz de la Tierra, fuimos una especie más cooperativa de lo que lo somos ahora. Antes de las armas de fuego esa posición era no solo la más inteligente, sino la única posible. Donde no llegaba una flecha podía llegar un halcón.

La facultad reflexiva, el poder pensar, la inteligencia, tenía que servir para capacidades mucho más sofisticadas que la simplona de eliminar toda competencia que intente captar la energía que encierran las mismas presas o alimentos que uno mismo necesita apropiarse para nutrirse. Pensar que así queda todo para nosotros no nos hubiera llevado muy lejos. Si alguien hacía algo mejor que el hombre, si otras especies eran más veloces o más resistentes y gracias a esas facultades cazaban más y mejor las piezas que los hombres necesitan para comer, no se las eliminaba, como se hace ahora, y se hacía sobre todo en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX, por Decreto, en España. En el pasado lejano, aquellos antepasados nuestros de las cavernas, que algunos imaginan atrasados y embrutecidos, se aliaban con ellas.

(Continuará)

Último capítulo, por publicar, del primer tomo de Genesis:

  • 18. La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

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Festival del gavilán en el paso migratorio de codornices de Túnez a Europa

Genesis

Búsqueda y hallazgos de la “estirpe de los libres”
Libro I: Cazadores – recolectores

Capítulo 16

por Benigno Varillas

Desde 1967, se celebra en Túnez cada primavera el paso migratorio de gavilanes y codornices. El festival se desarrolla en la segunda semana de junio, en Nadi El Bayazara, sede de la Asociación de Cetreros de El Haouaria, ubicada en un paraje espectacular. Los gavilanes son lanzados en persecución de codornices previamente capturadas. Se puntúa el vuelo de persecución y la habilidad en la captura. Antes de soltarlos los ornitólogos anillan y pesan a los “piratas de la espesura”. El festival distingue al mejor cetrero y al ave más veloz.

En otro cuello de botella del flujo migratorio, el que pasa por el Bósforo que une Europa con Asia, el ateniense Aristóteles mencionaba, hace ya 2.350 años, en su obra “Historia de los animales”, a los cazadores que “comparten con las aves de presa las piezas capturadas”. Dice el filósofo: “En el distrito tracio llamado en su día Cedrípolis, los hombres cazan en la marisma a los pajarillos juntamente con los halcones. En efecto, sacuden con palos las cañas y los arbustos, para que los pajarillos se echen a volar, mientras los halcones, apareciendo por encima de ellos, los persiguen desde arriba obligándolos a bajar. Los pajarillos, aterrorizados, vuelven a volar hacia abajo, en dirección al suelo. Entonces los hombres los cogen golpeándolos con los palos, y dan a los halcones una parte de las piezas cobradas tirándoles al aire algunos pájaros que los halcones atrapan (Aristóteles, 517).

No es, pues, extraño que cerca del embudo que forma el tercer gran puente aéreo que usa el flujo migratorio entre Europa y África, en la localidad portuguesa de Mértola, a escasos 60 km de las marismas de Ayamonte río Guadiana arriba y a 100 km en línea recta de Doñana, se encontrara otro mosaico romano de un jinete con un azor en el puño rodeado de sus presas: un pato, una garza y una urraca, lo que acredita que también en Iberia se desarrolló la cetrería en tiempos remotos, como en todas partes donde la simbiosis con orcas, delfines, halcones, cormoranes, lobos, o el animal que fuera, permitiera  acceder más dócilmente a la energía nutricia.

Isidoro de Sevilla (570–636) hizo una clasificación de las aves en sus Etimologías, en la que dice: “Unas se posan en la mano del hombre, como el halcón” (XII, 7: 105).
Antes que los reyes castellanos, los hispano–musulmanes que construyeron la Torre del Oro acudían a las marismas de la desembocadura del Guadalquivir a volar sus falcones garceros, lo mismo que lo habían hecho los hispano–visigodos de Hispalis y antes que ellos los hispano–romanos de Itálica, los tartessos y antes, y con mayor motivo, los pueblos sin ganado ni cultivos, que dependían para sobrevivir de agudizar el ingenio y la capacidad de observar, cazar y recolectar.

(Continuará)

Capítulos por publicar del primer tomo de Genesis:

  • 17. Los cetreros Qwassen marroquíes en línea recta con los neblís de Niebla
  • 18. La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

Pulsa en el enlace para ver los capítulos publicados:
http://www.paleovivo.org/libro/1-cazadores-recolectores/

Índice de la obra completa

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Alianza con los halcones y las aves de presa en el origen de la cetrería

Genesis

Búsqueda y hallazgos de la “estirpe de los libres”
Libro I: Cazadores – recolectores

Capítulo 15

por Benigno Varillas

En territorio tunecino floreció hace 2.700 años la ciudad de Cartago. La fundaron los fenicios que venían de Tiro, zona del sur de Líbano cerca de la frontera que los palestinos disputan ahora al Estado de Israel. Judíos y fenicios procedían a su vez de la zona en la que hace 4.000 años se enfrentaban los imperios agrícolas de los deltas del Nilo y del Eúfrates con los reyes de escitas pastores de las estepas asiáticas del norte, ganaderos de caballos que inventaron el carro de guerra.
En medio de tanta batalla, fenicios y hebreos destacaron hace 3.000 años en el comercio y, los últimos, por desarrollar un conjunto de normas que consagraron la cultura neolítica con una religión monoteísta, de la que hace 2.000 años saldría la cristiana y 1.400 la musulmana. Entre las tres configuraron el escenario ideológico y filosófico de Occidente.
Estos pueblos, como los chinos hace 3.000 años, poseían ya grandes conocimientos de navegación marítima, impulsada por su dedicación al comercio, trasegando mercancías de uno a otro puerto marítimo y fundando colonias donde había recursos que explotar. Cartago se anexionó las ciudades fenicias del sur de España, en las que comerciaban con el floreciente y misterioso reino de Tartessos que los historiadores griegos sitúan por Cádiz o Huelva y algunos en Doñana.
Los romanos invadieron hace 2.160 años el imperio cartaginés.  En el saliente oriental de la bahía de Cartago, ahora Túnez capital, descubrieron cómo en el cabo Bon –punto más cercano para saltar de África a Europa en esa zona, a 140 kilómetros de Sicilia– sus habitantes aprovechaban la proteína que cada primavera se apelotona en el peñón: decenas de miles de codornices, y otros pájaros, en su viaje migratorio prenupcial hacia Europa. También lo hacen los gavilanes y demás aves de presa, de modo que llamaron a esta zona Aqualaria, es decir, el país de las águilas. En este punto de descanso de las aves en su ruta migratoria euroafricana, los gavilanes depredan el paso migratorio de codornices, que alcanza su momento álgido en la última semana de abril y la primera de mayo.
Los habitantes del cabo veían que los gavilanes llegaban dos semanas antes que el grueso del flujo de codornices. Con ingenio desarrollaron una técnica para, en ese corto espacio de tiempo, capturar y adiestrar al gavilán para cazar con él y compartir las codornices en los días que dura su paso migratorio. Después, los gavilanes son puestos en libertad. Además de evitar el coste de mantenerlos cautivos hasta la siguiente temporada, dejarles seguir ruta a sus puntos de cría facilita que su prole engrose las poblaciones que, en años venideros serán atrapadas y adiestradas para, durante un mes, ser comensales del hombre.
En la región del Cabo Bon el trampeo de gavilanes cuenta con una larga tradición que se transmite de generación en generación entre los 150 cetreros de la zona. En las afueras de El Haouaria, pueblo junto al mar ubicado en el extremo del Cabo Bon, enfrente de la isla de Zembra, hay un conjunto de cuevas romanas. En ellas vivieron los hombres cazadores recolectores que aprovechaban la proteína migratoria, aliándose con las águilas y los halcones para su captura.
Esta y otras técnicas de caza ancestrales fueron registradas en un mosaico romano del siglo V. En él dibujaron las técnicas de cetrería, cuchería con liga, caza de liebre con galgo a caballo, de jabalí con red y la caza a caballo de perdices.  El mosaico puede contemplarse en el Museo Bardo de la capital tunecina, que exhibe una de las mejores colecciones de mosaicos romanos.

(Continuará)

Capítulos por publicar:

  • 16. Festival del gavilán en el paso migratorio de codornices de Túnez a Europa
  • 17. Los cetreros Qwassen marroquíes en línea recta con los neblís de Niebla
  • 18. La alianza del hombre con el lobo antes del divorcio neolítico

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http://www.paleovivo.org/libro/1-cazadores-recolectores/

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