Capítulo 2: El origen de los elefantes y de los homínidos

Elefantes en Ndutu. Foto©: benigno@quercus.es

La trompa algo insólito, algo que ningún otro grupo animal había producido, aquel órgano capaz de oler y al mismo tiempo de coger, de palpar, al mismo tiempo de absorber agua, o polvo, al mismo tiempo de derribar un árbol, al mismo tiempo de luchar a mazazos contra un enemigo presunto.

en “moeritherium” empezó a iniciarse el más asombroso de los milagros, o de los inventos evolutivos, como ustedes quieran, que ha tenido lugar entre los mamíferos.
La nariz y el labio superior comenzaron a soldarse y alargarse, la nariz y el labio superior a transformarse en una tromba, en una probóscide, capaz de coger las cosas del suelo sin necesidad de que “moeritherium”, que ya no eran “moeritherium” se agachara para tomarlas. Entonces aquel animalote podía permitirse el lujo de seguir creciendo, de seguir robusteciendo los huesos del cuello, de seguir transformando sus miembros en verdaderas columnas, porque ya tenía un útil, un milagroso invento que le permitía acceder al alimento que había a sus plantas, sin necesidad de estirar el cuello o de agacharse.

Acababan de entrar los proboscídeos, que recibían el nombre ya de paleo-mastodontes, puesto que el “moeritherium” había quedado atrás, en la vía de éxito evolutivo que les permitiría más tarde conquistar el mundo entero.