Capítulo 5. Garganta de Olduvai: dos millones de años más viejos

La garganta de Oldubai parece ser que es un tajo tallado por un antiguo riachuelo que bajaba desde las alturas de las moles volcánicas, que forman una cadena, con el famoso cráter del Ngorongoro, hacia las tierras más bajas. En tiempos remotos, hace aquellos dos, tres millones de años, en que el viejo antepasado, el tatarabuelo africano deambulaba por aquellos lugares, la mayor parte de la hondonada, que ahora estaba llena de polvo, de moscas, de plantas perfectamente capacitadas para resistir la desecación y las altas temperaturas, era un lago.

Garganta de Olduvai. Foto©: benigno@quercus.es

Hay algunos datos interesantísimos en la gran tarta de cinco pisos en la cual estuvieron trabajando durante años los Leakey, primero el matrimonio y después su hijo. Y es que entre las capas blandas de la tarta, que podríamos comparar con esos pisos de chocolate, de nata o de crema, hay también capas duras. Hay capas que están formadas por lava, capas volcánicas, que están formadas, ni más ni menos, que por los ríos de lava que descendieron de los gigantes de la región, de las montañas, que como el propio cráter del Ngorongoro, vomitaban fuego hace cuatro millones de años.

Hacía mucho tiempo que Leakey, entre el polvo, entre el calor asfixiante, entre las moscas y los peligros de la garganta de Oldubai, mucho antes de que encontrara el primer resto fósil del fabricante de aquellos útiles, en ese nivel de cerca de los dos millones de años, entre dos capas de lava, del que les he hablado, había encontrado unos guijarros toscamente tallados que un estudio, puramente comparativo, demostraba perfectamente que no habían sido producidos por las fuerzas naturales.

Les tomo en mis manos, les sopeso, les acaricio con los pulpejos de los dedos, les lanzo al aire como si fueran una pelota de tenis, y observo, con verdadero asombro, que se adaptan perfectamente a mi mano.