Capítulo 6. Estrategia evolutiva del hombre: desarrollar la cabeza

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El alimentarse de semillas, de granos, que profusamente, producían las estepas y las sabanas, que no había más de tener piernas ágiles y marchadoras y buena resistencia para ir a unos campos y a otros, y para cosechar con aquellas manos hábiles, que habían evolucionado a lo largo de millones de años en las copas de los árboles, que fueron, primero, unos instrumentos extraordinarios para agarrarse a las ramas de los árboles, y que después se transformaron en pinzas utilísimas gracias a la oposición del pulgar para coger cosas tan delicadas como los granos de las plantas que producen este tipo de semillas. Hacía falta otra cosa.
La articulación temporomaxilar,  es ni más ni menos, que esa bisagra mediante la cual la mandíbula inferior se mueve sobre el resto del cráneo, ya que en los mamíferos únicamente la mandíbula inferior es móvil.

En los carnívoros que poseen, indudablemente, las mandíbulas más fuertes, de más bella arquitectura, movidas por los músculos más desarrollados, son unas simples bisagras. La mandíbula de un león, de un tigre, de un ocelote, de un sencillo gato o de un perro no puede hacer movimientos más que de apertura y cierre, exactamente igual que, por ejemplo, una puerta de vuestra casa, es una articulación en bisagra.

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La mandíbula de un león solamente puede abrirse y cerrarse, y la de un hombre se abre, se cierra, va para los lados, para delante y para detrás. La mandíbula del hombre es la más perfecta que existe entre todos los vertebrados vivientes. La mandíbula de un hombre es la única capaz de hacer estos tres movimientos: anteroposterior, lateral y de apertura y cierre.

Esto no hubo más remedio que conseguirlo, porque tratar, nuevamente, de masticar un grano de trigo a golpes, abriendo y cerrando la boca, veréis que es absolutamente imposible. Para comer granos con eficacia, no hay más remedio que molturarles, hacer lo mismo que hace una piedra de molino, cogerle entre sus dientes naturales, y después deslizar las dos superficies molturadoras.

El resultado de esta pérdida, amigos míos, fue fascinante; el resultado de esta situación inerme, que les transformaban en víctimas propiciatorias, lentos y sin armas, de los depredadores, fue una de las historias más bonitas y transcendentales que han tenido lugar en la prehistoria humana: la ampliación del cerebro. la ascensión de la familia homínida desde sus oscuros y lejanos orígenes hacia el “sapiens”, hacia el pensamiento.