Capítulo 8. El Caín carnívoro que venció al Abel herbívoro

El ecólogo que acompañaba nuestra expedición, con mano ágil y sabia dibujó una pirámide en su cuaderno de notas de campo. En el piso inferior de esta pirámide, llamada pirámide de números por los ecólogos, aparecían las hierbas de distintas especies, de las gramíneas y leguminosas de las estepas africanas, aparecían también los arbustos y los arboles, las acacias en sus múltiples especies, desde las acacias enanas espinosa, que atesoran y defienden ese potencial maná que son sus hojas, que incluso en las épocas de sequía están presentes y cuyo poder nutritivo se compara a las mejores alfalfas o esparcetas cultivadas artificialmente por el nombre.
Estaban las grandes acacias, los baobabs, todos los árboles africanos con sus grupos. Sobre este primer piso, llamado el piso de los productores, de los elementos que producen la energía, estaba el piso de los herbívoro, que riqueza la de la fauna de las estepas y sabanas africanas en torno a la garganta de Olduvai en lo que se refiere a los consumidores primarios, los herbívoros que se alimentan de hierba y los folífagos que se alimentan de hojas, entre los herbívoros, los citados búfalos, quizá como los más grandes, las cebras, los ñus, los antílopes que comen hierba, entre los folífagos, los impalas, las gigantescas jirafas, los rinocerontes negros, los pequeños dik-diks. Toda una gran cantidad de animales que transforman la planta en bistecs, en proteínas, en músculos, en huesos, en grasa y en piel.

Leopardo. Foto©: benigno@quercus.es

Y sobre el piso de los vegetarianos, es decir, de los consumidores primario, de los apacibles aparentemente comedores de plantas, el piso inquietante, dramático, misterioso de los matadores. Hay estaba por derecho propio el león, como superdepredador africano, después quizá, por debajo de él en fuerza y en eficiencia el leopardo, luego el guepardo, luego los perros cazadores, luego la infinidad de aves de presa, desde el águila marcial, que es una de las más grandes y agresivas del mundo, que mata antílopes, pasando por el águila coronada, especializada en la caza precisamente de pequeños primates, hasta los pequeños halcones y gavilanes africanos.

Venía después el nivel de los necrófagos, ese nivel, si quieren horripilante, ese nivel en cierto aspecto repulsivo, porque militan en el precisamente aquellas criaturas especializadas en aprovechar lo último que dejan los depredadores y súper depredadores. Las hienas, en parte los chacales y sobre todo los buitres, porque como se ha podido comprobar con todo detenimiento en los últimos tiempos, concretamente en estas comunidades palpitantes del África oriental, las hienas pueden considerarse tan depredadores, como súper depredadores, como necrófagos, es decir cubren un amplio espectro de esa pirámide de números que acababa de dibujarme, de esquematizarme, en su bonito y sencillo cuaderno de campo el ecólogo de nuestra expedición.

Estuve yo mirando con todo detenimiento aquella pirámide y me sorprendió en cierto modo el hecho de que el sabio que nos acompañaba, se hubiera dejado fuera dos figuras, las figuras de dos vertebramos importantísimos, concretamente a los que protagonizan nuestro relato, el hombre y el elefante.

Tenía toda la razón al haberlo hecho, según he podido comprobar después, porque al elefante en África prácticamente no se le come nadie, no tiene un depredador que pueda actuar sobre él. No se le puede meter en el piso de los consumidores primarios, como transmisor de energía, a menos a depredadores, si no media un depredador artificial, que pueda ceder su energía al piso los depredadores, de los matadores. El otro elemento que quedaba fuera, tampoco tiene hoy día prácticamente ningún depredador en África, es el hombre, al hombre tampoco se lo come nadie, al hombre tampoco va ningún animal mejor dotado que actúe sobre él, para aprovechar la energía que él ha obtenido a su vez de ese piso de los productores que son las plantas.

Había que hacer un capítulo aparte con estas dos criaturas, el capítulo aparte concretamente cuál ha sido el “leitmotiv” de nuestro relato de que el único depredador del elefante, es el hombre.

Pero me preguntan ahora mis seguidores y ¿el depredador del hombre cual es? El hombre no tiene depredador. Desde cuando no tiene depredador específico el hombre.