Capítulo 9. La sofisticada trompa del elefante, el pulgar del hombre

El cerebro humano, desde aquel pequeño cerebro del tantas veces citado australopiteco, hasta el de más, el del más formidable de los sabios y de los pensadores actuales, se ha desarrollado evolutivamente en gran medida gracias al estímulo que ha recibido de esas manos hábiles capaces de coger cosas, y que han ido influyendo sobre todo en la circunvolución frontal ascendente, donde radican las potencialidades del sistema nervioso central, que rigen, que reciben, y que envían los impulsos táctiles que nuestros dedos captan en el medio ambiente, y que permiten después trabajar de una manera sistemática, hábil, a nuestras manos en la manufactura de cualquier elemento.
Pues bien, de la misma manera, amigos míos, que la mano humana, que distingue prácticamente al hombre de todo el resto de los animales, aunque sea un elemento conservador, en el sentido evolucionista de la palabra. La trompa del elefante, esa trompa que al pequeño «bwana tembo» no sirve para nada en los primeros días y en las primeras semanas de su vida, ha influido decisivamente, básicamente en el desarrollo, no solamente del cuerpo del gigantismo de elefante, sino también en el desarrollo de su mente.
Les contaba en los primeros capítulos de esta historia, al describir las cualidades del elefante, que la trompa contrariamente a la mano humana, que es un elemento antiguo, primitivisimo, conservador, que estaba ya esbozado incluso en los peces en sus aletas anterior, en los peces crosopterigios. Les decía que contrariamente a la mano humana, la trompa del elefante es el más revolucionario de los inventos de los vertebrados.
Es un órgano fantástico, que ha resultado de la unión y de la prolongación de la nariz y del labio superior, es un órgano fantástico que está accionado por centenares de músculo independizados, diferentes, que no necesitan ningún hueso para su mecánica funcional. Es un órgano formidable que sirve para oler, que sirve para degustar, que sirve para palpar, que sirve para coger desde un grano de mijo, hasta el tronco de una acacia gigantesca, es al mismo tiempo un aspersor de agua o de polvo, es al mismo tiempo una maza defensiva, es un órgano como no ha habido otro, en la historia de los seres vivos, de tan diversas y tan formidables aplicaciones.