Control de natalidad por la mujer paleolítica para evitar la superpoblación

Obra ‘Genesis’
Tomo 1: Cazadores–Recolectores

Capítulo 2

Por Benigno Varillas

El control de natalidad en los pueblos primitivos fue observado por Félix de Azara, cartógrafo español que de 1781 a 1801 recorrió el río de La Plata y conoció las tribus de hombres cazadores recolectores de lo que hoy es el norte de Argentina y Paraguay. Sobre su estricto cumplimiento por los cazadores recolectores escribe en el capítulo décimo “De los indios salvajes” del tomo II de su obra “Viajes por la América Meridional”, que “las indias dejaban morir a muchas de sus crías”. Recoge un comentario de una nativa que le dice “nada más engorroso para nosotras que criar los niños y llevarlos en nuestras diferentes marchas, en las que con frecuencia nos faltan los víveres”.
Azara comenta que, en determinadas tribus, las mujeres “conservan ordinariamente el último hijo del que quedan embarazadas, cuando esperan no tener más, en vista de su edad y el estado de sus fuerzas. Si se equivocan en el cálculo y tienen otro después del que han conservado, matan al último. Algunas se quedan sin hijos porque han calculado mal que tendrían aún otro. Yo me encontraba en medio de muchas de estas mujeres con sus maridos y les hacía severos reproches porque permitían sacrificar a sus propios hijos y exterminar así su nación, puesto que no podían ignorar que un matrimonio formado por marido y mujer no producía así mas que un hijo. Me respondieron, sonriendo, que los hombres no se deben mezclar en asuntos de las mujeres.”
Es seguro que las indias habrían discutido a Azara la idea que de ellas propagó, de que “matan a sus hijos”. Ellas dirían que su proceder era más bien el contrario, el de salvar a los hijos que las leyes de la supervivencia les indicaban podían tener. Nunca más que el alimento disponible. Los hijos debían nacer en el momento oportuno y sin sobrepasar la población que establece la capacidad de carga del territorio. Por sabiduría empírica sabían que debían hacerlo así, si no querían que la regulación la impusiera la hambruna, como sucede en el resto de las especies, lo que es una experiencia más dramática en los humanos que regular la natalidad.
Como en el aborto, la polémica está servida y es insalvable para mentes neolíticas que creen ciegamente en la posibilidad del crecimiento indefinido de la población humana domesticando energía acumulada. La mujer paleolítica se guiaba por la experiencia de milenios para garantizar la sostenibilidad. La evolución de la especie, no su crecimiento numérico, es la meta de las leyes de la energía que rigen la vida.
También recoge que algunas indígenas interrumpían la gestación “con gran peligro de sus vidas”. El evitar riesgos a la madre sería el motivo de que algunas mujeres prefirieran llevar a término la gestación,  malogrando al recién nacido al no darle la asistencia necesaria para sobrevivir a los primeros minutos del parto, en lugar de interrumpir el embarazo al principio del mismo con métodos en los que la mujer salía malparada o moría por las lesiones que le provocaba el aborto con técnicas primitivas. Azara anota que las indígenas “paren solas y con gran facilidad” lo que  explica aún más que se decantaran por la opción de interrumpir la vida del feto en el instante de nacer y no antes.
En otro capítulo, dedicado a hacer “algunas reflexiones sobre mis indios silvestres” Azara alude al modo de subsistencia y dice que distintas naciones “son sumamente diminutas en número de individuos” y por ello “no han padecido las alteraciones que engendra la muchedumbre en todas las sociedades”.

Por las deducciones casi detectivescas de los indicios que encuentran los paleontólogos y arqueólogos que investigan los yacimientos y la información recopilada de los pueblos primitivos que han llegado más o menos en estado paleolítico y han podido ser descritos por fuentes fiables podemos hacernos una idea de cómo serían sus semejantes en zonas donde hace tiempo se han extinguido, como es el caso del Bajo Guadalquivir y de Doñana.
Dadas las muchas características comunes que se observan en pueblos primitivos paleolíticos cazadores recolectores de distintos continentes observados en diferentes siglos, cabe pensar en la posibilidad de que nuestros antepasados en el entorno de Doñana se asemejen también a ese mismo patrón, con lo que una manera de imaginar cómo serían y actuarían es fijarse en esos otros pueblos, aparentemente lejanos en el tiempo y en el espacio pero que al evolucionar para resolver las mismas necesidades tienen una similitud prodigiosa entre ellos.

De los comentarios de Azara sobre los cazadores recolectores de Sudamérica son especialmente significativos los siguientes, extraídos de diferentes capítulos en los que describe las tribus que conoció, o de las que llegó a tener información:
“Son ágiles, derechos y bien proporcionados, y no se encuentra uno solo que sea demasiado grueso, demasiado delgado o contrahecho. Tienen la cabeza levantada, la frente y la fisonomía abiertas, signos de su orgullo y aun de su ferocidad. Su color se aproxima más al negro que al blanco, casi sin mezcla alguna de rojo. Los trazos de su cara son muy regulares, aunque su nariz me parece un poco más estrecha y hundida entre los ojos. Estos ojos son un poco pequeños, brillantes, siempre negros, nunca azules, y jamás enteramente abiertos; pero tienen sin duda la vista doble más larga y mejor que los europeos. Tienen también el oído muy superior al nuestro”.
“Nunca han cultivado la tierra, al menos no lo hacen hoy, y se alimentan únicamente de la carne de vacas salvajes, que abundan en su distrito. Las mujeres guisan, pero todos sus guisos se reducen al asado sin sal”.
“Nunca levantan la voz y hablan siempre muy bajo, sin gritar, ni aun para quejarse cuando se los mata. Esto llega hasta el punto de que si tienen que tratar algo con alguno que vaya diez pasos por delante no lo llaman, y prefieren andar hasta alcanzarlo.”
“No adoran a ninguna divinidad ni tienen ninguna religión. No tienen, igualmente, ni leyes, ni costumbres obligatorias, ni recompensas, ni castigos, ni jefes para mandarlos”.
“Son las partes mismas las que arreglan sus diferencias particulares; si no están de acuerdo se pelean a puñetazos hasta que uno vuelve la espalda y abandona al otro, sin que se vuelva a hablar del asunto. En estos duelos jamás hacen uso de armas, y nunca he oído decir que hubiera ningún muerto”.
“Poco celosos entre sí de la autoridad, cuya adquisición es más penosa que deseable la posesión, reunidos por un mismo interés, ignoran el tumulto de las facciones y las tormentas de las disensiones políticas. Su pequeño número, resultado necesario de su manera de vivir, contribuye aún a hacer reinar entre ellos la mayor unión y el más perfecto acuerdo”.
“La mayoría no tienen por toda arma mas que una lanza de once pies, armada de hierro muy largo, que les facilitan los portugueses, y los que no las tienen se sirven de flechas muy cortas, que llevan en un carcaj suspendido del hombro”.
“Cuando un hombre tiene muchas mujeres, éstas lo abandonan en cuanto encuentran otro del que puedan ser únicas esposas. El divorcio es igualmente libre para los dos sexos; pero es raro que se separen cuando tienen hijos. El adulterio no tiene otra consecuencia que algunos puñetazos que la parte ofendida administra a los dos cómplices, y esto solamente si los coge in fraganti. No enseñan ni prohíben nada a sus hijos, y éstos no tienen respeto alguno a sus padres; siguiendo en esto su principio universal de hacer cada uno lo que le parece, sin estar limitado por ningún miramiento ni ninguna autoridad. Si los niños quedan huérfanos se encarga de ellos algún pariente”.
“No sirven a nadie, no se prestan nada unos a otros, no reparten el botín”.
“Muestran mucha ternura por sus hijos, aunque no les enseñan nada”.
“No tienen religión, ni leyes, ni costumbres obligatorias, ni caciques, ni jefes”.
“Tienen horror a la leche”.
“Saben encender fuego sin piedra de chispa. Para este efecto hacen dar vueltas a un pedazo de palo, del grueso de un dedo, que hacen entrar por un extremo en otro pedazo agujereado al efecto, y le dan un movimiento como el de un molinillo de chocolate, hasta que este movimiento, reiterado, produce un polvo semejante a la yesca inflamada. Como a todos los indios salvajes, nuestra forma de casas les da miedo, ya sea a causa de su oscuridad, ya porque teman que se les caiga encima, y nada del mundo puede reducirlos a pasar en ella una sola noche”.
En un resumen que el mismo Azara realiza sobre las cualidades de los indígenas, coincide con las conclusiones de otros autores que estudiaron tribus similares en América y África:
“Los indios se asemejan a los animales por la delicadeza del oído, por la blancura, limpieza y disposición regular de sus dientes; en que no hacen uso de la palabra sino rara vez; en que nunca ríen a carcajadas; en que los dos sexos se unen sin preámbulos ni ceremonias; en que las mujeres dan a luz fácilmente y sin ninguna consecuencia enojosa; en que gozan en todo de entera libertad; en que no reconocen ni superioridad ni autoridad, en que siguen en su conducta ciertas prácticas a que no están obligados ni sujetos y de las que ignoran el origen y la razón; en que no conocen ni juegos, ni danzas, ni cantos, ni instrumentos de música; en que soportan pacientemente la intemperie del cielo y el hambre; en que no beben más que antes o después de la comida, pero nunca mientras comen; en que no se sirven más que de la lengua para quitar las espinas del pescado que comen y las conservan en los ángulos de la boca; en que no saben lavarse, ni limpiarse, ni coser; en que no dan instrucción ninguna a sus hijos y algunas naciones matan a los suyos; en que no se ocupan del pasado ni del porvenir; en que mueren sin inquietud por la suerte de sus hijos y mujeres y de cuanto dejan en el mundo; y finalmente, en que no conocen ni religión ni divinidad de ninguna especie. Todas estas cualidades parecen aproximarlos a los cuadrúpedos, y parecen tener aún alguna relación con las aves por la fuerza y finura de su vista”.

¿Eran así los españoles de hace 10.000 años?

(Continuará…)

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Bibliografía:

1 AZARA, Félix de. 1810. “Viajes por la America Meridional”. Tomo II. Capitulo X. De los indios salvajes.

12 TISHKOFF A. et all. 2012. “Evolutionary History and Adaptation from High-Coverage Whole-Genome Sequences of Diverse African Hunter-Gatherers”. Elsevier Inc. “Cell” pp. 457– 469.

13  CAPEL, Horacio. El ingeniero militar Félix de Azara y la frontera americana como reto para la ciencia española. En Tras las huellas de Félix de Azara (1742-1821). Jornadas sobre la vida y la obra del naturalista español Don Félix de Azara (Madrid: Fundación Biodiversidad, 19-22 de octubre de 2005). Diputación de Huesca, 2005, p. 83-132 [ISBN: 84-35005-72-7].
http://www.ub.edu/geocrit/sv-97.htm

14 MARLOWE, Frank “Why the Hadza are Still Hunter-Gatherers”. Department of Anthropology, Harvard University.

15 La Etnología más austral del planeta: ARTESANIA Y CONOCIMIENTO YAGÁN (pdf) http://www.osara.org/darwin_2009/articles/Ethno_Book_SAC07.pdf

16 GUSINDE, Martín. “YAMANA: Los primitivos más australes de la Tierra” (pdf) http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0001754.pdf

http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0001754.pdf

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3412.html#links

17 AZARA, Félix de. 1810. “Viajes por la América Meridional”. Tomo II. Capítulo X. De los indios salvajes.

 

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Proyecto Rewilding Iberia

Este es el segundo de los capítulos de un libro que está sin acabar. Necesito revisarlo y que lo revisen expertos para su versión definitiva. Es un trabajo paralelo a un plan para ejecutar lo que en él se predica, dinamizando el entorno de espacios naturales con una red de inicialmente 10 campamentos de 10 teletrabajadores productores de vida salvaje, dispuestos a construir el Biolítico en zonas claves para la conservación:

Campamento Oso – Teverga /Asturias
Campamento Lobo –  Almeida /Portugal
Campamento Lince – Aznalcazar /Doñana
Campamento Quebrantahuesos –  San Juan de la Peña /Huesca
Campamento Águila imperial – Monfragüe /Piornal, Cáceres
Campamento Tarpán – Llanes /Asturias
Campamento Uro – …. (pendiente de asignar)
Campamento Bisonte – San Cebrián /Palencia
Campamento Encebro – /Valencia
Campamento Buitre negro – Atapuerca /Burgos

Estos campamentos consisten en construir, con una ONG de carácter no lucrativo, cabañas de madera o adobe con cobertura de banda ancha para alquilar a teletrabajadores–conservacionistas que gestionen con ganaderos locales concesiones de terreno de 500 Ha mínimo para resilvestrar caballos, vacas y asnos, y pongan en valor la biodiversidad de cada territorio. Las cabañas se ofrecen a una red internacional de personas o familias que vivan en dichos poblados en estancias de larga duración. Sus niños tendrán escuela de aulas al aire libre en el campo y teleenseñanza en inglés.

Una manera de ‘pagar’ por recibir los capítulos de este libro y poner en marcha acciones de rewilding es enviar un donativo al ‘Proyecto Tarpán’ cada vez que recibas un capítulo y sumarte a otras opciones de Crowdfundig que proponemos. La escala de donativos es:

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100€: Participar en el rodeo de saca de yeguas en Doñana y títular de 1/5 de caballo.
500€: Título de propiedad de un caballo salvaje que cuidaremos hasta que te lo lleves
1000€: Vivir una semana en cabañas de teletrabajo y seguimiento de fauna a elegir
3000€: Vivir un mes en cabañas de teletrabajo y seguimiento de fauna a elegir
4000€: Miembro de pleno derecho del colectivo de teletrabajadores que viven de forma nómada en poblados de paraísos naturales para realizar seguimiento de fauna.
5000€: Miembro de pleno derecho del colectivo teletrabajador y de la teleescuela.

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