Dos meses antes de morir, Félix intuyó que la muerte de Adamson no fue accidental

Extracto del libro que sale a finales de enero de 2020: «RECUPERAR Lo Libre»
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Un día, tal como hoy, hace 40 años….

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En las semanas anteriores a la muerte de Félix, hace 40 años, los acontecimientos empezaron a sucederse de forma trepidante en España. Las reuniones conspirativas contra el presidente Suárez se multiplicaron. Pretendían reconducir los derroteros que tomaba la transición a la democracia. Los sectores de ultraderecha fraguaban un golpe de Estado, otros, menos radicales, un golpe de timón. Lo intentaron, sin éxito, el 23 de febrero de 1981.
En pleno ambiente cainita, el 9 de enero de 1980 Rodríguez de la Fuente llegó al estudio de Radio Nacional de España a grabar el duodécimo capítulo de Aventura en Canadá. Llevaba bajo el brazo el diario El País del día anterior. La cara seria. Estaba previsto que ese día finalizara su relato sobre los indios paleolíticos nahanni, que se emitiría al día siguiente, pero hizo un sorprendente cambio de última hora.
Se sentó en la cabina con gesto grave. Tras la señal de que todo estaba preparado, se encendió la luz roja de guardar silencio y empezó a hablar. En la última página del diario que tenía delante, único papel que había sobre la mesa, se leía:
“La señora Adamson, de 69 años de edad, falleció en circunstancias un tanto sospechosas al anochecer del pasado día 3 de enero, en la reserva zoológica de Shaba, a 280 kilómetros al norte de Nairobi, mientras se hallaba fuera de su campamento estudiando, la conducta de los leopardos, experimento en el que venía trabajando desde hacía año y medio, después de haber estudiado exhaustivamente la vida de los leones. Según el guarda de la reserva, que comunicó el primero la noticia de la muerte de la famosa zoóloga, la señora Adamson estaba paseando por las inmediaciones de su campamento por la mañana, cuando vio a un león persiguiendo a un búfalo. Según esta versión, Joy Adamson se dirigió a los dos animales y el león la atacó, causándole la muerte”.
Rodríguez de la Fuente inició su alocución con la mirada perdida en el micrófono suspendido en el aire a la altura de su cabeza, con aquel tono, ritmo y frecuencia de la ondulación sonora de su voz, que tanto misterio encierra:

“Yo voy a pedir hoy un favor a todos cuantos nos siguen a través de las ondas de Radio Nacional de España, y es el de interrumpir, solamente por esta sesión, solamente por esta charla, la continuidad, el hilo conductor, de la aventura canadiense”. (…)”
“Joy Adamson es la autora del famoso libro Nacida libre que dio lugar a una gran película protagonizada por aquella famosa leona, llamada Elsa, y después a una serie entera de televisión. (…). Esta noticia, amigos míos, que me lleva a pedirles el favor de interrumpir el hilo conductor del relato canadiense (…) llegó hasta mi mente en las pequeñas vacaciones navideñas en el campo. (…)”
“¿Cómo es posible, que Adamson haya sido devorada por un león en África? (…) Paso yo la tarde en un bosque de la Alcarria, en la provincia de Guadalajara, bajo el beso del sol de estos últimos días de anticiclón, tratando de reconstruir mentalmente la posibilidad de que Joy haya sido devorada por un león. (…)”
“En su coche, aparcado cerca del lugar donde se encontró el cadáver, había manchas de sangre, que difícilmente pudo realizar un león arrastrando a la víctima. (…) Se está llevando a cabo la autopsia del cadáver. El propio presidente del Estado de Kenya, ha dado instrucciones para que se aclaren los hechos que han terminado con la vida de esta mujer tan famosa, de esta mujer tan destacada, que se dijo en un principio que había sido devorada por un león”.
“Es sumamente importante que se aclare este dramático hecho, que ha terminado con una de las naturalistas más populares del mundo entero. (…)”
“¡Cómo es posible! que haya querido el destino, ¡cómo es posible!que los hados, ¡cómo es posible! que el tejido de la vida, en el cual estamos metidos todos, incluidos Joy y sus leones, haya sido tan trágico, tan trágico a lo griego, que haya permitido que la gran amiga de los leones, la mujer que crió, la mujer que sacó adelante a la pequeña huérfana, que la transformó en protagonista de todas las leonas vivientes del mundo, que hizo que el mundo entero se hiciera amigo de los leones, fuera ahora, a ser asesinada, en solitario, al atardecer, por un león, en las soledades africanas”
“¡No me lo creo!”
“No me lo creí, cuando leí la noticia”.
“Ahora he leído y todavía no se ha publicado el desenlace –y estoy tan lleno de curiosidad, como ustedes mismos, por ver qué ha pasado–que es posible que se trate más bien de un asesinato. (…)”

En efecto, Rodríguez de la Fuente no andaba descaminado. Meses después –cuando él ya había muerto– se desveló que a Joy Adamson, a la que Félix había conocido fugazmente, apenas unos minutos durante una parada en su reserva de leones durante el primero de sus viajes a África, la había matado un joven empleado, Paul Nakware, de 18 años, de la etnia turkana. La asesinó de tres disparos tras una discusión entre ambos. Fue condenado a cadena perpetua.
Dos meses después moría Rodríguez de la Fuente en un accidente originado “por causas desconocidas”, según concluye el atestado de la policía local de Alaska que interrogó a los supervivientes y examinó la avioneta. Nadie dio nunca razón de la autopsia que se le haría al piloto, como es preceptivo, ni consta que el Presidente del Estado español, Adolfo Suárez, ordenara investigar los hechos, como hizo el presidente de un país tercermundista ante el caso de Adamson, lo que llevo a desvelar que el supuesto accidente se trataba de una venganza.
La capacidad para recomponer escenarios y relacionar hechos dispersos, gracias a su memoria asociativa prodigiosa, permitió a Rodríguez de la Fuente llegar a esa conclusión sin más. Finalizó aquel extraño inciso, que grabó nueve semanas antes del viaje en el que murió, con estas inquietantes frases:

“Como todos los seres que tienen éxito, aquí, y en Lima, pues, qué duda cabe, Joy se hizo con millones y millones de amigos, pero también con algunas docenas de enemigos”.
“Hay siempre un sector –seguramente marginal– de la sociedad, que, en el que triunfa, en el que escala los duros y difíciles peldaños de esa pirámide que conduce a la popularidad, a la riqueza, al éxito, lo perciben como una auténtica puñalada en el corazón, y hay efectivamente quienes tratan de tumbar y de perturbar la vida de las personas que han dado esos pasos. En mis últimos viajes a Kenya, ya no se hablaba tan bien de Joy Adamson como cuando tuve la suerte de conocerla, con más de 40 años ya, quizá de 45. Se la achacaba el pecado de haber ganado mucho dinero y haber tenido mucho éxito; de haber hecho toda una serie de televisión. Ésta, que es una reacción humana, jamás será una reacción leonina”.
“Creo sinceramente, y arriesgo mi pronóstico, que el león, que ha asesinado a Adamson, era un león resentido, bípedo, y de los que, por desgracia, hay bastantes, no solamente en Kenya, sino en la Península ibérica”.

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Escucha este mensaje grabado por Félix Rodríguez de la Fuente:

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