Persecución a muerte de lo nómada

La concepción de la vida de los reyes franceses Borbones que arribaron a España en 1700, su aversión a lo zahareño, les llevó a una decisión más reprobable aún que acabar con el antiguo Cuerpo de Halconeros, que los Austrias habían heredado de los reyes castellanos. Quisieron acabar también con los hombres nómadas.

A los cortesanos de Fernando VI, tanto en los Carabancheles como en el resto de España, les molestaba la existencia de andariegos libres, que para más irritación capturaban conejos y liebres con podencos y galgos, cuando no caballos de monte y encebros salvajes. Eran rebeldes, vagabundos y diferentes.

Ya su padre, Felipe V –que cazó en el Lomo del Grullo en 1729, visita regia que no se repetiría hasta 153 años después, con una cacería de Alfonso XII– había dictado un “decreto de pena de muerte contra cualquier gitano sorprendido fuera del término que tuviera asignado”. La norma incluía todo nómada andariego, en la idea de hacerlos sedentarios. Pero la represión alcanzó su cenit con la orden de ‘Recolección General de Gitanos’, aprobada por Fernando VI, a los dos años de subir al trono.

El 30 de julio de 1749, el Ejército hizo una redada nocturna, ordenada por el marqués de la Ensenada. El objetivo era capturar por sorpresa a “los gitanos”. Unas 9.000 personas fueron apresadas. A los adultos y a los adolescentes se les condenó a trabajos forzados en los astilleros de la Marina y en las minas de mercurio. La mayoría murieron enfermos y por el trauma del cautiverio. A las mujeres y a los menores de 12 años se les confinó en guetos. La Iglesia apoyó la redada, negando el derecho de asilo en las iglesias a los que huían. Algún clérigo, a título personal, clamó contra el desmán, como el Vicario de Sevilla, pero su protesta no surtió efecto alguno.

Lógicamente, no los detuvieron a todos, ni mucho menos, que para eso eran nómadas. Comenta Ildefonso Falcones, autor de la novela histórica “La reina descalza” basada en este criminal episodio, que “el marqués de la Ensenada cometió un error. Detuvo a los gitanos que estaban censados y trabajaban, pero no a los trashumantes».

La vida infrahumana hizo que los hombres apresados fueran aniquilados. Tras morir Fernando VI, el nuevo rey, Carlos III, abolió en 1783 el decreto de aniquilación de los nómadas. Pero para entonces, de los miles que fueron hechos cautivos en la redada ya sólo quedaban vivos unos 150.
La primera referencia a los gitanos en España es un texto que les cita en el año 1425, atravesando el Pirineo aragonés. Según fuentes no verificadas, venían expulsados por los turcos de una zona de los Balcanes, o de Grecia, llamada “Pequeño Egipto”, de ahí el nombre de egiptanos. Eran los de esta primera cita histórica un grupo de unas cien personas, con un “conde” o “duque” al frente, que algún historiador cree que, en efecto, lo había sido en su tierra. Morenos, de barba y melena negra los hombres, y con turbante y adornos las mujeres. Un salvoconducto del rey Alfonso V de Aragón, autorizó al “Duque Juan de Egipto Menor” a viajar por su reino. El texto muestra la hospitalidad con la que les acogieron a su llegada:

“El Rey Alfonso, (…) a todos y cada uno de sus nobles, amados y fieles nuestros y sendos gobernadores, justicias, subvengueros, alcaldes, tenientes de alcalde y otros cualesquiera oficiales y súbditos nuestros, e incluso a cualquier guarda de puertos y cosas vedadas en cualquier parte de nuestros reinos y tierras, al cual o a los cuales la presente ser presentada, o a los lugartenientes de aquellos, salud y dilección. Como nuestro amado y devoto don Juan de Egipto Menor, que con nuestro permiso ir a diversas partes, entiende que debe pasar por algunas partes de nuestros reinos y tierras, y queremos que sea bien tratado y acogido, a vosotros y cada uno de vosotros os decimos y mandamos expresamente y desde cierto conocimiento, bajo pena de nuestra ira e indignación, que el mencionado don Juan de Egipto y los que con él irán y lo acompañarán, con todas sus cabalgaduras, ropas, bienes, oro, plata, alforjas y cualesquiera otras cosas que lleven consigo, sean dejado ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío a salvo y con seguridad, siendo apartadas toda contradicción, impedimento o contraste. Proveyendo y dando a aquellos pasaje seguro y siendo  conducidos cuando el mencionado don Juan lo requiera a través del presente salvoconducto nuestro, el cual queremos que lleve durante tres meses del día de la presente contando hacia adelante. Entregada en Zaragoza con nuestro sello el día doce de enero del año del nacimiento de nuestro Señor 1425.

Nadie ha podido averiguar de donde salen los gitanos. Egipto, la India, los Balcanes. Pero antes de la fecha que se dice llegaron, Iberia tenía sus propios “homes andariegos” nómadas, que se movían con libertad por todas partes. Una Ordenanza de Hermandad de Vizcaya del año 1394 habla de ellos:

“Hay muchos andariegos e non auen señores propiamente con quien sirvan (…) andan pidiendo por la tierra e faciendo otros muchos males e daños e desaguisados de lo qual se siguen gran daño e destruimiento de la tierra, por ende si el andariego fuere tomado que por la primera vez que yazga en el cepo seis meses e que por la segunda vez que mura por ello”

En el lote irían vagabundos, pobres arruinados por las desgracias y las calamidades, que habían dejado sus pueblos y vivían en las cunetas y los arrabales, pero también orgullosas tribus nómadas, que circulaban por España desde siempre. Colectivos de españoles que han llevado ese tipo de vida hasta fechas recientes. ¿Eran lo que quedaba del hombre Paleolítico? Ciertos aspectos apuntan a ello. (Continuará) Apúntate a esta WEB para recibir próximos capítulos.

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